ENTRE LA VIGILIA Y EL SUEÑO

Me caíste bien. Fue muy obvio. No dudé un solo instante en aquella sonrisa, primera y última, con que iluminaste la oscuridad de la  calle donde nos citamos.   Nuestra pequeña historia, tan cinematográfica como fugaz, había comenzado   rápida y contundentemente. Nada más verte, nada más escucharme en tu boca en forma de inocente pregunta, …

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