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Tan estúpido es empeñarse
en que sea algo más de lo mismo,
como cegarte en que no suceda
lo que nunca te atreviste a soñar.
¡Joder! Nada más conocernos,
ya nos metíamos mano
en nuestra sucia conciencia,
nos dragábamos serios reproches
por no lanzarnos en picado
a una vorágine de descaros
que nos llevaran, sin remedio,
a pactos y medias verdades
y así, pretender convertirnos
en reliquias vacías de la causa.
No daré ni medio paso más
hacia esa sonrisa odísea,
no me mantendré un segundo
en ese suicida juego malabar
que es no tener ni puta idea
de saber cómo renunciar a soñarte.