Si no tienes nada, nada,
ni el más mínimo conejo
en la chistera,
y de este extraño prefacio
no me vendes más
que su raudo y extremo final,
no te acerques más, no,
vade retro, fugaz colombina,
este arlequín de su barro
ya no debe exudar más.
Haberme sentido tan vivo,
de tu piel a medio suspiro,
para verte minúscula
sin tiempo
sin espacios
sin palabras
sin recuerdos,
en la entrada y el final
de esta rápida encrucijada
que creía más que eterna,
para sentirme protagonista
de este estreno mal acabado.
Momento en que, sin pensarlo,
echándote ya de menos,
ya te he dado por perdida.