Mírame
con el rigor ausente y lívido
de esta noche
que ya se sobreinterpretó,
con su gélido gesto
de trinchera absurda
de último día en el quicio
del paraíso perdido;
mira a estos ojos
tan embadurnados
de sus propias inquietudes
y salvedades
que no saben si mirar
como mujer fatal
o marchar indigno
como cordero degollado.
Mírame y elige
entre esperar resudar palabras
o este deshacernos
de espuma de ola de mar,
distrae tu gesto melancólico
y distraído
o levántate y anda
sin complejos vaivenes,
reduce el brillo
de esos cantos de cisne
o entrega en prenda
mis dos tres cadáveres,
regurgita la sed
de esta penúltima ofensiva
o dime, sin hacer tiempo,
que ya no me quieres.
Por favor,
ahórrame los portes.