Engullo.

Engullo en tropel tus palabras anónimas

como pesadumbre de despedidas

mal medidas y extraviadas  y desbocadas

(si no me atraganto o deliro o me aturdo

échale la culpa a esta noche en disección)

sin que tus rígidos ojos sin masticar

puedan hacerme más desgraciado

a cada momento que se escurre sin su tiempo.

Entre todos estos extravíos, vuelos y espacios

te prefiero desfigurada, lisiada  y malbaratada.

Si yo te escribo y cito y leo y vomito

sobre el fondo mismo de mi  vientre varado,

tú,  al menos, ruin, mezquina, miserable,

enséñame tus malas artes de la carne

y de las malditas escamas sin dolor continuo

y del corazón y de tu caricatura sin  memoria.

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