Apuestas inseguras.

Para darse aquel anteayer,
aquel milagro cierto de saberte,
la magia de asirte tan real,
el momento único de asomarte                                                                                     
así, sin miedo a esta ventana
entreabierta pero sin pasado,
la suerte no dudó un instante,
condujo desde la noche a ambos.

La Luna, el vino y una visita
llenos de sólidas verdades,
tan suaves como peregrinas
fueron nuestra mejor ironía.

Mientras apenas me sonríes
el camino roza ya su papel,
dos, tres, cuatro horas muertas
representan sutiles su mirada
y el periplo ciego y sin distancia.

Sí, te miro y casi no me miras,
espero, vuelves, me iluminas.

Este juego no puede durar,
su gracia no será eterna.

Un día cualquiera apostaré todo
y romperás mi sueño invisible.
Te levantarás de la mesa,
te irás, rápida y sin mirar atrás.

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