No hay más viento
que el que, libre,
te confiesa
mis palabras y metáforas.
No hay más verso
que el que, dulce,
te sangra una lágrima quieta,
una sonrisa salada.
La única Luna,
tu última mirada
construida con tus labios…
un ciego beso
en las entrañas
de mi sueño enajenado.