Ya sé, mea culpa, lo admito.
He sido yo el que, torpe,
ciego, ávido e inquieto,
ha confundido tu biografía
con un mensaje del destino,
tu corazón con la verdad,
tus pasos con mi discurso,
tus ojos con el fondo
de ropa sucia de este mar,
tus caderas diapasónicas
con mi rumbo hipnotizado,
tu boca sin ambages
con el crítico arte de besar,
y tus caricias imposibles
con la tierra casi prometida.
Tu palabra, con mi palabra.