EL olor a incienso de sándalo
me trajo tu eterna sonrisa
a este inminente primerísimo plano,
casi un soñado plano de detalle.
Tus dedos entrelazados
e intranquilos de olvido
entre estos intactos recuerdos
ayudan a incendiar de voces
esta fotografía soñada por su polvo.
Desciende la intensidad.
Lloras.
¿Lloras?
No quiero.
No te quiero.
No sé si podría querer
después de esto.
Las luces vagas
de estas líneas sin memoria
se apagan sin sus argumentos,
sin sus pálpitos,
sin sus palabras,
irremisiblemente etéreas ya.
No deberías volver a intentar
atar cabos
con estas entrañas caducas.
Haz de esas tripas corazón
y escóndete
como yo he desaparecido,
así, como por arte de magia,
sin hacer negocios sucios
en los arrabales de la conciencia,
sin leer entre los espacios
que dejamos,
sin agobiar
con voces sumisas de la razón
a nuestra historia,
dolida de sumar distancias
y de tenerlas en almoneda .