Reencuentro.

Te encuentro

entre  estas sombras veladas

y apenas crédulas de pino,

gaditanas,

aciculadas

y mordaces,

de memoria, lance y gesto

casi crueles y selectivos,

en esta serena carretera

tan fecunda

de sueños estremecidos,

de maletas resueltas

sin polvo de camino

cargadas de recuerdos,

de cuerpos pendulares

y desnudos

jugando con la inocencia

otorgada por la perspectiva

de un ingente

y pertinaz arrojo,

de una sensación merecida

de haberse ofrecido

cierto e insondable

en esta ardiente

y lacerante arena,

en la canción redundante

e inconsciente,

en el retrato fotográfico

de lo pasado y amado,

en el calor

del hielo de tu memoria,

en la manera constante

que tenemos ambos

de echar de menos

aquel verbo indestructible,

repleto de pesquisas

de lo ambiguo,

de vueltas y vueltas

a lo ensortijado

de algunas de mis palabras,

en el terror de los versos

que aún hoy escribo

y en el  simple

pero tajante hallazgo

de no querer saber

que, tal vez, nos sobremos.

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