Últimamente, estoy revisionando una de mis series favoritas, Doctor en Alaska. Y, cuestiones de perspectiva o no, quizá madurez o, sencillamente, ocurrencias, vi un nexo entre lo que contaba Chris Stevens, el apuesto locutor de RKBHR (RK-Oso) en Cicely, y lo que venimos viendo en los diarios en los ya no tan últimos tiempos, además de lo que me va corriendo por las venas que ya no sé si sigue siendo sangre o es, simplemente, hiel.
Su reflexión es acerca de lo salvaje y de la pérdida de espontaneidad del hombre occidental (la serie es de principios de los 90). Nos advierte sobre la pérdida de lo salvaje. Se nos está agotando. En todos los lugares. Incluso, en los más recónditos. La gente, al parecer, necesita de un continuo recordatorio de que el mundo es inseguro, peligroso, impredecible (ya se encargan de esto todos los gobiernos que nos dirigen por este lado del planeta, en esta labor sí son realmente profesionales) y que por menos de nada podemos perderlo todo. En un instante. ¡¡¡Zas!!! No podemos pronosticarlo (¡¡¡Mentira!!!). El caos se nos muestra ahí fuera (o en casa en formato LED o Plasma), acechando más allá del horizonte o aquí mismo, en forma de comunismo o inmigrante o monstruos similares que el imaginario colectivo adopta (o le es inoculado) desde un Gran Poder, que lo regala cual caramelo agridulce y que nos tragamos sin tan siquiera saber a qué sabe. Ten miedo, nosotros te protegeremos.
Y, al parecer, da la sensación de que puede pasar cualquier cosa pero el Sol va a salir cada día y que, con eso, hemos de conformarnos. Que podemos perdonar, justificar o, simplemente mirar para otro lado cuando diariamente se nos vuelven a presentar delante de la cara los lobos feroces de esta sociedad.
Pero, a veces, y prácticamente estoy citando al personaje verborreico de aquella radio local de Alaska, el hombre necesita hacer algo malo, injustificado o no, para sentir que está vivo, para sentir que pese a que le han vuelto a pisotear, se ha defendido con uñas y dientes y puede levantarse y alzar la cabeza sin vergüenza porque sabe que con la acción ha habido una reacción, y la ha provocado él. Eso también es poder. Y si se suman todos estos poderes, sin dudarlo, devienen en infinitamente más fuertes y eficaces que el Gran Poder.
Y hablo de lo salvaje, como podría hablar de lo natural, de lo auténtico, de lo bello, de la libertad, de la dignidad. Nos están robando todos estos intangibles para apropiarse de lo más mundano. Tristemente hay algunos, muchos quizá, que entienden así este mundo. Yo creo que no se han enterado de nada.