Ojalá

Ojalá tu mirada dividida
no enfríe
a tientas este atisbo
de viejas distancias,
que tus huellas
no sigan el camino
de este desfile triste
de figuras de barro,
y que después de la fiebre
de latigazos
suceda un lento
reto de juicios sin mordazas.

Ojalá tu recuerdo
renuncie a ser héroe
en este melodrama
de caros dimes y diretes,
que en la memoria
no quede más secuela
que la que, hoy por hoy,
es justa y necesaria,
y que esta colección
de fotografías enmohecidas
retoñen con fuerza
de estas profusas cenizas.

Ojalá que esta lluvia
deje de obsequiarse con heridas
en el arrítmico compas
de nuestra diáspora,
que estos lacerantes vientos
que hoy no reconocemos
nos dejen en bruñidas playas
que sí reconozcamos,
y si odíseos hemos sido
para gustar del viaje
valientes seamos
para reconocer nuestro lugar.

Ojalá que esta caricia
de la memoria
no devenga en olvido,
si no quiere,
que el recuerdo no pague
con odio sus demencias,
y quiera reconocer
lo que nunca nos dejó de doler,
y, finalmente,
que una mirada atrás
no pueda significar más
que la modestia
de este pecho abierto en canal.

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