Existes porque me siento
partido en dos,
porque mi mirada se cayó
escaleras abajo
y sin remedio a corto plazo,
porque parece que nada
es tan importante
como que uno no sienta culpas
y las escupa mezcladas con tuétano.
Si no crees
en esta sinfonía rota de palabras
dale paso a este hatajo
de venas abiertas,
a este elenco de ramas secas
y entreveradas.
Eso sí,
reniega de cualquier explicación
que necesite para afirmarse
más de cuatro o cinco versos de mierda.
Sigue, pasa,
pero no me vengas con este ritmo
tan cansino y previsible
como tus excusas,
no redundes
en esas cuatro artes malabares
que servían
porque aún no me había lavado la cara.
No,
ponle fin,
olvídalo ya de una vez,
deja tus armas
encima de estas tripas
y déjalo estar.
Cerremos la herida
y cosamos de silencio
nuestras ganas de gritar.
Adiós. Buenas noches.
¡Shhhhhhhhhhh!