Y entonces…

Y entonces,

surgiste disfrazada de  nada, tú,

así, con tu excelencia

sobre mi bruma,

con tu excitante

y energúmena fuerza,

con tus artes malabaristas

de la carne

y tu justa ternura

atada a cada caricia.

Sí, tú,

adornada con un verbo nuevo,

colmada con luces

hermosas y seguras,

saciadas de miradas

de infinita picaresca,

delirante en el desconcierto

y en el acierto.

¡¿De dónde vienes tú,

sirena odísea,

diosa que salvas de la hoguera

estos sueños rotos,

ninfa desvergonzada

meciendo mi corazón

entre tus juegos!?

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