Y entonces,
surgiste disfrazada de nada, tú,
así, con tu excelencia
sobre mi bruma,
con tu excitante
y energúmena fuerza,
con tus artes malabaristas
de la carne
y tu justa ternura
atada a cada caricia.
Sí, tú,
adornada con un verbo nuevo,
colmada con luces
hermosas y seguras,
saciadas de miradas
de infinita picaresca,
delirante en el desconcierto
y en el acierto.
¡¿De dónde vienes tú,
sirena odísea,
diosa que salvas de la hoguera
estos sueños rotos,
ninfa desvergonzada
meciendo mi corazón
entre tus juegos!?