No reconocía ni más salida
ni más pretextos
que el camino resbaladizo
atestado de piedras que restallaban,
pero sin la oscuridad como sudario,
y aunque esta ruta del desasosiego,
la sabía, pese a mis versos y delirios, única.
Un día,
un mal trago,
la vida escapando gota a gota
conjugando el mismo verbo,
siempre perenne en su fuerza original,
y la única luz de este páramo, tu recuerdo,
la única Luna, tu mirada sin cortes,
tus balanceos de esquina a esquina,
tus voces en mi memoria
posiblemente en blanco,
la esquirlada sonrisa sin esfuerzo
de este gesto antiguo
y las fáciles metáforas
de tu tacto ensimismado en su desenvoltura.
Pero hoy
he descubierto una nueva piel
que se me venía ofreciendo en cada acto,
el futuro de este filo de la navaja,
(o arriesgas o te quedas con cara de tonto,
o te perviertes o te enfrías,
o tiras la piedra o dejas de pecar, definitivamente).