Sin este principio
desatado a conciencia
por su insospechado final ex abrupto
esta voz no sería
consecuencia de su sombra.
Sin este desecho,
esta flor de carne desnuda
no se avergonzaría
de esta poza tan insondable.
Sin este trapo que enjuga
los huesos de esta melancolía,
y sin los ojos de este espantapájaros,
no se redactaría
esta escombrera de pesares.
Pero esta historia la escriben
los que sobreviven,
no los vencedores ni los vencidos.