Nuestra Ítaca

No nos preguntemos, pues,

ni cómo, ni cuándo, ni por qué;

no nos miremos más

a la cara sin saber hasta

dónde estamos dispuestos

a decirnos que no, otra vez.

 

No niegues

haber visto y oído mil veces

mis columnas de humo,

mis fuegos de artificio,

mis palabras heridas

y mis cómplices de la noche.

 

No te des la vuelta y huyas,

no tires esa piedra

que hace daño

aunque no escondas la mano,

no pienses que no puedes pensar

y mira esto que te digo y vomito.

 

Aún no has de volver

porque todavía no marchaste

porque ni siquiera viniste.

Siempre un  dulce canto de sirena

para nunca volver a nuestra Ítaca.

Deixeu un comentari

Scroll to Top