Echar más de menos

 Las tardes calladas

sin tiempo

en la parte de atrás, allí,

en el patio del limonero,

donde me decías

las palabras justas

y se mezclaban

con el aroma frío

de los primeros jazmines

que me valieron entonces,

ayer, hoy, mañana.

Las miradas vacías

sin su dirección,

todas alrededor

de su nada espléndida,

(envíos presos

sin acuse de recibo)

directas, automáticas

y sin quiebra ni pausa,

que yo aceptaba

sin la cautela

de un  pacto tácito,

sin otro diseño

que no fuese

el de aquel mar

lejano y abierto en canal.

La espaciada distancia

entre lo que no fue

ni nos dijimos

y lo que hoy cuenta,

lo que nos hizo dar

unos pasos atrás,

aún hoy no sé

si me redime

pero es menos que incierto,

más que el penúltimo

oráculo infausto

que escupen estos lodos,

estas voces quietas

que resultan, sin más,

ser mis recuerdos.

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