La resaca de anteayer
te salvará hoy
de ser lo último que piense,
de ver a las claras
que la última apuesta,
por supuesto, la perdí,
que renqueo,
y ya no me resigno,
cada día nuevo
como el primero,
a desnudarme a cada paso.
Tú, salvada,
yo, sobrevivido;
tú, contenida,
yo, extremo;
tú, sentido,
yo, paradoja.
Mis brazos,
amigrañados de voz,
sólo abrazan sin desquitarse
la mitad de tus sueños;
mis ojos únicamente
abandonan y dejan de mirarte,
para pedir rescate
por mi palabra sin enmienda
que alocadamente se enreda
en tu significado.
Indudablemente
un simple beso
mejoraría el guion de este cruce
de poses que no tejemos.