Fondo de armario

No puedo ni debo

pasar por alto,

de dónde viene

ese canto de sirena

varada en la noche

y  que, tan ágil,

se mueve sin su luna.

No quiero tampoco

arrancarle a  jirones

su mirada por partes,

sus descaradas señales y,

ni por asomo,

aceptar sin pestañear

el cobijo cabizbajo

de su trémulo pulso.

Concluyendo,

o  extinguimos ese incendio

nuevo de sombras revenidas

y  palabras al vacío

y notas en la nevera

y mensajes en el buzón

y asambleas sin sentido

y  tardes sin su calma,

o no la quiero conmigo.

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