No sin ingente esfuerzo convertí
la mitología de tus miradas preferidas
en espacios de retos, duelos y rincones,
la alegoría de estos tiempos verbales
en un jodido adverbio de tiempo,
la metáfora que dicta tu piel
en seguro espasmo de su misma ralea,
la leyenda de todo este sinuoso camino
en el retiro de estos abrazos partidos,
y el epílogo de esta batalla de lunas
en la noche que apenas me atenaza.