
¿Qué os parece, compañeros,
si detrás o más allá
de esta artificial sonrisa
sin elegancia ni beneficio
de meros políticos cadáver
y ripios de sal mal refinada,
ponemos un poco de sencilla cordura?
¿Qué me decís
(o explicadme brevemente)
de lo que nos está pasando
(aunque no esté ocurriendo),
de lo que se está incendiando alrededor,
de todo esto
que no entiendo ni quiero?
¿Qué podría suceder si,
de súbito,
en algún momento
de esta lánguida partida
que tenemos perdida
de antemano
nos bajamos del maldito tren
al que, entonces, nos subimos?
¡Ya mismo!