Tengo y mastico
la sensación y la corazonada
de que si no consigo
peinar solo estos lodos
nunca entenderé la luz
que se desprende, decidida,
de cada palabra única
de tu boca y tu mirada
aciagas en su voz distraída,
ciertas de subterfugio
y completamente negadas
de la querencia de la lluvia
de tus díscolas manos en espera.
No espero un estricto consuelo
ni el arte que supone,
resumiendo,
tu feliz y adiestrada marcha atrás,
siempre ha sido mucho más
de lo que yo, tonto de mí, esperaba.