Porque

Porque tus quizás

tan perversamente decididos

pero sin esquinas

aún no han devenido

silenciosos o no

en un no rotundo y melancólico

forzado por este vestigio resabiado

de mala bestia

y polifémica argucia

en la que convertí ésta,

mi única y sublime estrategia.

 

Porque todo el dolor

que no desciende, ingrávido,

y que te podría ofrecer

sin trampas

antes del primer asalto

de este naufragio

solo lo ve mi  yo retorcido

de bandazos en el camino

de palabras rumiadas

por enésima vez

y estas curvas

que no me redimen

de aquellos fáciles atajos

y de estos retortijones de lujuria.

 

Porque yo

no escupo a discreción

esta letanía de metáforas

sin domesticar por diversión

ni por joder nada ni a nadie,

no quiero que, y lo firmaría,

de este poema leas

única y desfachatadamente

su cara sucia y descarada,

ni su pábulo, nómina y provecho

de orgullo y suficiencia

innecesariamente regurgitados,

ni seas de esta espalda

más que maltrecha

el único peso

que no pude soportar

la noche que no calma,

la noche que no escucha,

la noche que no quisiste oscurecer.

 

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