Enhebrar tu sueño borroso en mi palabra
(o viceversa)
desdibujando de matices su siniestra
paleta de repertorios lacrimógenos
y acompañar en el gesto a la miseria
que proporciona su deshilachamiento
no es, si quieres, el papel de mis sueños.
Y si te paras por un momento a pensar,
derrocar de un plumazo descarriado
la autoridad de este verbo tan pertinaz,
avasallar sin piedad nuestro sajado pasado,
reventado por los retales de sus sombras
y salir ileso de esta estampida de tiempos
que no hacen sino consumirse vagamente
desde su hierática y errática última palabra,
tampoco diría que es para echar cohetes.