Perdida de antemano.

Cuando detrás o debajo

de cada una de estas poses

no se respalda, manirroto,

ni el más mínimo miedo

a que la noche que no quiero

no se llene de excusas.

Y juego.

Cuando mi rostro,  cariacontecido,

invita al suicidio sí o sí

a las tablas de este garabato

que soy desde que ayer,

cuando me diste plantón de por vida

en esta estación sin ayeres.

Y espero.

Cuando este retablo de conciencias

que no están precisamente limpias

no quiere conocer las reglas

de un juego que si no cambia

no gano ni con las mangas

repletas de ases desencontrados.

Cuando todo sucede así,

renace mi lado más punk.

Y pierdo.

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