De lejos. Desde lejos.


Si tu sonrisa

ha olvidado los motivos de su fuga

para volver a creer en su mueca,

seca, pues, la sal

de este mal gesto petrificado

y echa a correr

detrás de su sombra.

Si tu sonrisa

vio pasar de largo su último resuello

mientras yo te soñaba,

extiende tus labios

sobre este tapiz de besos viejos

y endulza con la magia que te sobra

este amargo cáliz

que vive y remonta entre  tus  inimitables manos.

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