Me faltas tú.

Me falta el aire, el aliento, la savia

en este estrecho atolladero

en que se han convertido

estos pasos ávidos de vientos,

de tránsitos, de mudas de piel,

que los empujen al mar,

me falta la paz que no redunda

y nunca sucumbe y se derrumba,

me faltan los besos, las huellas,

que no queman pactos y tratos,

los cielos sin dioses ni diosas,

las retiradas sin ti pero detrás tuyo,

los pasos perdidos, rendidos

que todavía no he dado,

las sonrisas tuyas e inacabables

que me arranco cada segundo,

me falta la distancia a la que me castigo

por no tener ni idea de mí,

me faltan las huidas

de las que se avergüenza

hasta el fondo de mi médula,

los versos que me duele

oír enmudecidos de mi voz en alto,

los vicios adquiridos, heridos,

que no quiero ver desterrados

los plazos de este calvario

escritos con alcohol en una pizarra,

los espasmos desquiciados  sin la fe

que los vuelve efímeros,

la palabra que sé que de mi boca

quisiste ver en la punta de mi lengua,

la razón por la que no vuelvo

de este lugar en el que me veo clavado.

Me faltas tú,

con tus partidas de desquicio último,

con tus ruinas, tus brumas y tus lunas,

me falta la noche que quiero quemar

y donde nunca  te  quiero ver arder.

 

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