Sabes que tu nombre
me supo a yerba;
que tus ojos de mil miradas
me siguen susurrando
de la noche su rocío;
que tus manos rondaron
las mías para cerrarse
en una única y simpar;
que tus sonrisas
las echa de menos la luna
de este recuerdo;
que estos retruécanos
que hoy recorro levitando
entre las cenizas y memorias
de nuestro verbo
son de nuestros huesos
su tuétano descalabrado.
Ni soy el agua de la mañana
ni el puto diablo personificado.
Hoy soy más transito
que sustantivo,
más adjetivo
que sustancia,
ondas en el agua
que no piedra,
más cansancio
que largo camino,
menos fuerza,
héroe casi vencido.
.
Menos yo
de lo que jamás he sido.
Me encanta.
Me alegro, guapa.