Sublime es tu modo
de serpentear entre mis palabras
y jugar entre los retocados resquicios
de mi más que restaurado juicio de hoy,
ya huérfano de sus recuerdos.
Dejemos a un lado
las maneras y remilgos exquisitos
de anteayer y juguémoslo todo
a una carta, o a dos, pero sin pedir permiso,
sin más testigo que nuestro deseo.
Y, finalmente,
si no respetamos estas caretas resudadas,
esas miradas que pesan como una caída,
ten la confianza
de que mañana no será otro día cualquiera.